Secretaría de Medio Ambiente

Día Mundial del Suelo

El Día Mundial del Suelo se celebra todos los años el 5 de diciembre desde 2014. Los orígenes de la idea se remontan a 2002 gracias al impulso de la Unión Internacional de Ciencias del Suelo (IUSS), la cual propuso este evento en el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, un foro colaborativo surgido ante la necesidad de compartir experiencias sostenibles para recuperar un suelo que pensábamos era un recurso infinito.

El suelo es un recurso clave y un elemento esencial del entorno natural en el que vivimos. En el que se producen tanto la mayor parte de los alimentos mundiales como el espacio habitable para todos los seres humanos y animales. También juega un papel fundamental en el buen funcionamiento de los ecosistemas. Contribuye a la regulación del flujo del agua y el clima, la biodiversidad, la captación de carbono y la preservación de tradiciones culturales.

El Día Mundial del Suelo 2019 (#WorldSoilDay) y su campaña "Detengamos la erosión del suelo, salvemos nuestro futuro" pretende concienciar sobre la importancia de mantener ecosistemas saludables que garanticen el bienestar humano con una gestión eficiente del terreno. Si no actuamos pronto, la erosión actuará y la Tierra perderá suelo fértil, lo que amenazaría la seguridad alimentaria.

“Detengamos la erosión del suelo, salvemos nuestro futuro”

En los 5 segundos que lees esta línea, se ha erosionado una superficie de tierra equivalente a un campo de fútbol. Este curioso y preocupante dato reafirma la necesidad de celebrar un Día Internacional del Suelo, que nos haga despertar ante un problema creciente a medida que la población del Planeta aumenta.

En el Estado de México, los usos no urbanizables ocupan una superficie de 1,781,909 hectáreas, representando el 79.2% del territorio estatal. Entre estos, los usos agropecuario y forestal abarcan alrededor de tres cuartas partes del Estado. La superficie urbana actual abarca 8% de la superficie estatal (INEGI, 2017b).

El cambio en el uso de suelo también altera las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en el suelo a través de cambios en el tipo de vegetación (deforestación, forestación, etc.) o el uso de fertilizantes; por lo que el incremento en el uso de suelo agrícola impacta directamente en la producción de óxidos de nitrógeno y amoniaco por el mayor uso de fertilizantes en la región.